PERIODISMO DE LA REALIDAD CUBANA EN LA ZONA ORIENTAL
 


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A prueba la estrategia de la ingobernabilidad democrática (I Parte)
Por: Walter Clavel Torres
Sub-Dtor. APLOPESS
walterct22@yahoo.com 

Santiago de Cuba, 6 de septiembre del 2012 (www.aplopress.com) El pasado día 22 de agosto del 2012, alrededor de las 5.30 AM rodean mi casa agentes de la Seguridad del Estado,  miembros del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional Revolucionaria, quienes se hicieron acompañar de dos vecinos del barrio, los que debían servir de testigos de algo,  que ni ellos mismo saben de qué.  Este escenario ya lo conocía, pues la Guía de Estudio para la Democracia Proactiva lo ilustra muy bien, pero en estos regímenes la realidad rebasa la ficción.  Y no solo es uno el que está en juego, sino toda la familia.

Por eso en este caso, la primera víctima fue mi madre,  Caridad Torres Soler que  cuando tocan en la puerta de mi casa, se levanta asustada por la hora tan temprana que era. Al asomarse  por la ventana, ve más de 40 personas vestidas con uniforme militar, más de 5 carros de policía y otros carros del Ministerio del Interior y Seguridad del Estado.

Cuando le comunican a mi madre, que iban a realizar un registro, mi madre me lo informa y me levanto. Tal vez aquí se obviaron algunos pasos de la Guía, que pudieran haber neutralizado un tanto la agresividad del registro, pero el impacto psicológico y el factor sorpresa son difíciles de controlar. Sería aconsejable hacer ensayos o simulacros de registros y detenciones dentro de la oposición. 

Solo hay que imaginarse, que cuando salgo de mi cuarto, en el pequeño recinto de la sala  me encuentro con que hay más de 30 agentes policiales y de la policía política.  El despliegue desmedido de sus fuerzas  represivas es parte de su estrategia de intimidación y del miedo inducido.

Tratan de ridiculizarme y humillarme como todo un criminal, quieren sacarme esposado de la casa, a lo que me opongo. Le subo la parada y les digo: “si quieren que utilicen la fuerza bruta y llévenme arrastrado”. Asumir esta actitud pudiera interpretarse como negarse al arresto, pero como en Cuba no hay un Estado de Derecho, la legalidad o no de los actos se deciden políticamente. Por eso, ante un posible escandalo social mayor, un oficial de la Seguridad del Estado le ordena a los policías que no que me lleven sin esposarme.

Cuando iba a comenzar el registro es cuando me sacan de la casa, pero antes  el agente Julio, de la policía política me exige la entrega de mi celular, pues según él, debían revisarlo. Se ha puesto de moda en Cuba por todas las instituciones policiales la requisa de los celulares, por lo que es aconsejable no guardar información sensible en los teléfonos móviles.

Alrededor de las a las 6.00 AM me trasladan el Centro de Operaciones de la Seguridad del Estado en las Alturas de Versalles, luego de  salir del auto, me introducen por un pasillo largo y oscuro, que de no ser porque ya conocía de su existencia durante el estudio de la Guía, me hubiera causado una impresión psicológica traumatizante, pues ese es su objetivo: desconcentrarte y hacerte perder la orientación en cuanto al tiempo y espacio. O sea, que vencí satisfactoriamente la primera prueba, gracias a la Guía de Estudio y a la estrategia de la Ingobernabilidad Democrática.

Aunque parezca un poco municiono y detallista lo que continúa, es importante porque forma parte de la guerra psicológica para la que tenemos que estar preparados. Fíjense que luego atravesar el túnel oscuro, me llevan a una oficina solitaria, allí me dejan un rato, luego me sacan del lugar y me montan de nuevo en el carro de patrulla por más de una hora. Al cabo de ese tiempo, me bajan de nuevo del auto y me quieren hacer firmar un acta por supuestamente: “Alteración del Orden”. Me niego a firmar ese documento,  entonces los policías se van y me dejan a cargo de los oficiales de la Unidad de Operaciones de la Seguridad del Estado.

Me  llevan a una oficina, nuevamente por pasillos oscuros, me pasan al rato a otra, después otra y allí me retiran en el piso mis pertenencias, como cartera con dinero, reloj, manilla, pañuelo y cinto.  Mientras me grababan y hacían fotos una enfermera me hacía un examen físico y preguntas sobre mi estado de salud y padecimientos. A su pregunta le respondo que soy adicto, y cuando lo va escribir me pregunta a  qué tipo de drogas. Le digo que mi droga se llama libertad, que soy adicto a la libertad y que haré todo lo que esté a mi alcance para contribuir que se logre la libertad y la democracia de Cuba para todos los cubanos.

Me pasan a otra oficina, dos enfermeras me dicen que me van a realizar la prueba del VIH (SIDA)  y análisis de sangre (serología). Me niego a realizarme dichos análisis y se retiran las enfermeras. Me negué porque se han dado casos de contaminación con jeringuillas infectadas, ya que no hay una buena esterilización de los instrumentos clínicos en los centros de detenciones y carcelarios del país .

Al rato viene un oficial y me pasa por todo el cuerpo un detector de metales, al dar negativo me  me pasan a la enfermería. Allí me toman la tensión arterial, me pesan, me miden y me preguntan el estado de salud en que me encuentro. Al finalizar me llevan a una celda tapiada
y me encierran por una hora - más o menos - ya que no se tiene como medir el tiempo en esos lugares. Me sacan y me llevan nuevamente a una oficina, me dejan 2 cigarros y un encendedor (fosforera) arriba de una mesa y me dicen que son para mí, como no fumo, ignoro los mismos y el oficial que me trasladaba los retira.  Me siento en una silla incomoda fijada al piso,  que hay en esta oficina, y luego me paso a otra más cómoda, una giratoria. Enseguida entra un guardia y me dice que no me puedo sentar en esa silla, que esa silla es solamente para los instructores, y la retira de la oficina. Tan pronto el guardia se retira, me acuesto en el piso, pero enseguida entra el guardia nuevamente y me lleva de nuevo a la celda tapiada.  Al salir al pasillo el guardia me conmina a que me ponga las manos atrás, pero le digo que no, que si quiere me las esposen. Una vez más me dejan por imposible.

Luego me sacan y me llevan a realizarme una sesión de fotos, me tomaron fotos en diferentes ángulos y también las huellas dactilares. Me hacen un pequeño interrogatorio sobre si practicaba algún deporte que incluyera las artes marciales.  Le digo que no, que solo cuando niño practicaba la lucha greco-romana. De ahí me llevan nuevamente por pasillos oscuros a mi celda y me encierran por un tiempo más. Al tiempo me  llevan a una oficina con cámara, en presencia del Oficial de la Seguridad del Estado conocido como el agente Julio. Aunque se muestra muy amistoso y amable, ofreciéndome su apoyo, solo me hizo recordar aquella referencia martiana, de: “ni favores ni calores de la mano enemiga”.

El agente Julio trata de justificar el registro y la detención que se me ha realizado como consecuencia de mi activismo político. Según él, mantengo un perfil muy alto como como opositor y necesitaba bajar ese perfil porque eso lo afectaba directamente a él, ya que era quien me atendía en sustitución del agente Frank.

En pocas palabras, le dejé saber que prefería la cárcel, que dejar de ser opositor y la muerte antes que ser traidor. Me dijo: “no seas bobo, no ves que te utilizan y se aprovechan de ti, los de adentro y los de afuera, que se enriquecen con tu trabajo” Le argumenté que todo lo que hacía era por mi propia voluntad y conciencia, sentimientos que en realidad ellos desconocen.  No como él que tenía que servir como agente de la policía política, un asalariado del terror, que recibía un sueldo por reprimir a la población.

Me habló de las condiciones y comodidades,  que según él,  le daban a los que se convertían en agentes (informantes) al servicio del gobierno de los Castro y  que una vez llegada mi salida por el programa de refugiados de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos,  no me pondrían ninguna objeción para mi salida definitiva del país. Que ellos decidían quien se iba y quien se quedaba de Cuba, que si algún día hubiera cambios en la política migratoria, y ya no se pudiera salir tan fácilmente como ahora, los opositores al gobierno enfrentarían la  misma represión que hasta ahora, por lo que me convenía negociar  con ellos una mejor colaboración.

Ante tal chantaje, le dije que ese no era un problema para mí, pues no tenía ningún interés en
abandonar el país a corto plazo por lo que no me interesaba negociar nada. Sencillamente, les dejé bien claro, que mis principios no eran negociables, que no me iban a amedrentar con simples amenazas. Que ellos eran los que debían dar una demostración de cambios, no solo los cosméticos cambios anunciados por Raúl Castro, sino cambios  en su accionar con el pueblo, cambios en su proceder con nosotros los opositores, de forma civilizada como sucede en casi todo el mundo, lo primero sería empezar a respetar nuestros derechos y una muestra de esa violación era el abuso arbitrario contra mi persona en esos momentos. Trató de convencerme con maníos argumentos, pero al no poder alcanzar su propósito con su supuesta ‘negociación’, llamó al guardia para que me llevara nuevamente a la celda.

En pocas palabras, le dejé saber que prefería la cárcel, que dejar de ser opositor y la muerte antes que ser traidor. Me dijo: “no seas bobo, no ves que te utilizan y se aprovechan de ti, los de adentro y los de afuera, que se enriquecen con tu trabajo” Le argumenté que todo lo que hacía era por mi propia voluntad y conciencia, sentimientos que en realidad ellos desconocen.  No como él que tenía que servir como agente de la policía política, un asalariado del terror, que recibía un sueldo por reprimir a la población.

Me habló de las condiciones y comodidades,  que según él,  le daban a los que se convertían en agentes (informantes) al servicio del gobierno de los Castro y  que una vez llegada mi salida por el programa de refugiados de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos,  no me pondrían ninguna objeción para mi salida definitiva del país. Que ellos decidían quien se iba y quien se quedaba de Cuba, que si algún día hubiera cambios en la política migratoria, y ya no se pudiera salir tan fácilmente como ahora, los opositores al gobierno enfrentarían la  misma represión que hasta ahora, por lo que me convenía negociar  con ellos una mejor colaboración.

Ante tal chantaje, le dije que ese no era un problema para mí, pues no tenía ningún interés en
abandonar el país a corto plazo por lo que no me interesaba negociar nada. Sencillamente, les dejé bien claro, que mis principios no eran negociables, que no me iban a amedrentar con simples amenazas. Que ellos eran los que debían dar una demostración de cambios, no solo los cosméticos cambios anunciados por Raúl Castro, sino cambios  en su accionar con el pueblo, cambios en su proceder con nosotros los opositores, de forma civilizada como sucede en casi todo el mundo, lo primero sería empezar a respetar nuestros derechos y una muestra de esa violación era el abuso arbitrario contra mi persona en esos momentos. Trató de convencerme con maníos argumentos, pero al no poder alcanzar su propósito con su supuesta ‘negociación’, llamó al guardia para que me llevara nuevamente a la celda.

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