PERIODISMO DE LA REALIDAD CUBANA EN LA ZONA ORIENTAL
 


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Los excesos de la verdadera oposición

Por: Lic. Yusmila Reyna Ferrera
Directora APLO
Tel. 53-53740544
Email: yusmilarf@yahoo.com
 

SANTIAGO DE CUBA, 23 de septiembre del 2011 - (www.aplopress.com) Entre los meses de abril y mayo de 2011 se publicó un artículo titulado “La Falsa Oposición” del periodista independiente de nuestra agencia APLO, Víctor Ernesto Sánchez Moreno, donde se revelaba, no sólo las características generales de los agentes infiltrados en las filas disidentes cubanas, sino sus métodos y funciones específicas. No obstante, nos interesa destacar las propuestas del periodista y autor del artículo, respecto a la conducta a seguir por la verdadera oposición, que muchas veces por diferentes razones se comporta como la primera, los que nos obliga a buscar el antídoto frente ambas situaciones.

Un análisis profundo de esa realidad nos lleva a preguntamos: ¿En qué medida los reales opositores se encuentran inmunizados frente a los métodos de inteligencia, dejándose arrastrar por la actitud de los infiltrados o inconscientemente copiando sus comportamientos? A partir de muchos de esos comportamientos disidentes, ante la sociedad y las organizaciones a las que pertenecen sus protagonistas, fundamentaré mi trabajo y que denominaré: “Los excesos de la verdadera oposición”.

  • La toma de decisiones y acciones excesivamente participativas, cayendo en la ingenuidad, aludiendo a una supuesta fundamentación democrática. Lo que evidencia su desconocimiento a una dirección única y disciplina en algunas decisiones y acciones como un método o estrategia de lucha, en las condiciones excepcionales de una férrea dictadura en que se desarrollan.
  • El uso de acciones violentas, sin abandonar su responsabilidad en otros proyectos, que tienen otra estrategia de lucha, que se contraponen con los programas y objetivos de la organización, agrupación o partido al que se pertenece, tal vez en la búsqueda de un protagonismo, que se desconoce la razón.

  • La falta de reconocimiento y solidaridad estratégica entre las organizaciones opositoras y entre los opositores mismos, considerándose más importantes y más necesarios unos que otros y protagonizando sus estilos de lucha como los únicos válidos.
     
  • La búsqueda del apoyo o solidaridad popular mostrándose solamente como víctimas de las injusticias del régimen Castrista, a través de la violencia política que enfrenta la oposición producto de los atropellos de la policía política o brigadas de respuesta rápida. Olvidando la marginación y abusos contra el resto de la población, los que bien se deben contrarrestar con la persuasión, la argumentación y la crítica inteligente como vía de convencer a la población de la justeza de la causa que se defiende.
     
  • El anarquismo, como línea de acción práctica de algunos opositores más veteranos o con cierto apoyo económico, que se refleja en el uso de los recursos y los medios de comunicación con que se cuentan, así como la proyección de una imagen ostentosa de un status ficticio superior al de opositores humildes o nuevos en las filas de la oposición. En esto tiene que ver principalmente con la alineación vertical con personas u organizaciones del exilio, que le proporcionan facilidades diferentes o superiores que a los demás opositores, considerados de tercera categoría o de a pie.
     
  • La falta de sistematicidad en la preparación política y social de muchos opositores, los hace vulnerables ante la superioridad de los agentes de inteligencia, ya que no se tiene un entrenamiento sobre una solida argumentación de la razón social y económica que atraviesa el país, por culpa de un fracasado sistema político.  
     
  • Muchos entran a la oposición por problemas circunstanciales, no como vía para  lograr la democracia en Cuba, por tanto tratan de convertirla en un modo de vida y no en acto patriótico.
     
  • El flujo de emigrantes por la vía del programa refugiados de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos, unas 20 mil visas al año, demuestra una realidad, que una gran parte de la oposición tiene como prioridad y su principal intención, abandonar el país.
     
  • La falta de una cultura de oposición profesional, que vele por principios éticos como el porte y aspecto y educación formal. Estos valores refuerzan y contribuyen a un verdadero reconocimiento y respeto por parte de la población.
     
  • Iniciar proyectos ambiciosos, sin los debidos financiamientos y de logística, que los hacen inalcanzables. Su fracaso trae la desconfianza y desmoralización de los opositores y de aquellos ciudadanos que les creyeron y se involucraron en dichos proyectos. Hay otras acciones que se consideran proyectos de confrontación más agresivos, pero el riesgo y los costos humanos son tan altos, que por su naturaleza están condenados al fracaso, ya que no reciben apoyo de la población. Sin embargo, muchas veces alguien los asume como un modo de conseguir algún apoyo económico a corto plazo, por coincidir con los métodos de lucha de algunos sectores de la oposición.
     
  • La canalización de dinero u otras ayudas de forma directa, y no en previa coordinación con los líderes y miembros de la organización a la que se pertenece, por lo que los recursos y financiamientos pueden caer en manos de los agentes infiltrados o exacerbar los egos personales y no se logre el funcionamiento institucional de la organización.
     
  • Inculcar el desaliento y la falta de motivación entre las filas opositoras como consecuencia del desamparo económico y a la falta de equidad en la distribución de los pocos recursos que llegan para la oposición. Todo se condiciona al apoyo exterior, sin acudir al esfuerzo interno. Aunque esto es una realidad, que impide la incorporación a proyectos políticos y de la sociedad civil de profesionales que son expulsados o despedidos de las entidades estatales, no deben utilizarse las fallas estratégicas, como la frustración de toda una causa.

Estos excesos podrían desaparecer o/y minimizarse si se pusieran práctica algunas acciones, que sin ánimo de establecer la receta ideal, podrían solucionar muchas de las fallas a través de algunas vías como:

  • Que cada organización establezca mecanismos de selección y delimite las funciones de sus líderes, tanto en la agrupaciones políticas como de la sociedad civil (empleando aquellos líderes naturales o no, que dirijan mejor sus organizaciones).
     
  • Que cada organización establezca su Plataforma Programática, con objetivos claros y actividades concretas, que se ejecuten mediante un Plan de Trabajo, que le permita rendir informes periódicos y rendir cuentas de su accionar, tanto en el seno de la propia organización como a la comunidad.
     
  • La oposición tiene que ser más activa y participativa, definiendo el papel a cumplir por sus integrantes en función de sus capacidades y habilidades, con resultados medibles dentro de los propósitos y objetivos de la organización.
     
  • Iniciar y mantener el diálogo sincero entre los opositores, bajo los parámetros de la diplomacia política, lo que no impide el rigor y la exigencia, según el caso, pero siempre bajo el respeto y la tolerancia, elementos imprescindibles para la unidad estratégica opositora.
     
  • La oposición tiene que imponer como objetivo número la interacción con las masas, mediante el contacto con el pueblo, defendiendo y canalizando sus inquietudes sociales. Para ello es necesario el diálogo directo, el discurso preciso y materiales de apoyo con contenidos y argumentos contundentes, que razones sobran para mostrar.
     
  • Todos los métodos de lucha política pueden ser aceptados, si los resultados son viables, pero deben ser discernidos entre grupos y personas. Es importante la oposición “confrontativa” o de calle, que exacerbe el clima político y eleve la tensión social, pero debe definir una estrategia que convoque y movilice. También es indispensable una oposición institucional, que muestre un nivel superior y de representación social, con capacidad de formar gobierno, con líderes que hayan alcanzado respaldo popular. Esto crea confianza para una transición ordenada, tanto para la población interna como para la comunidad internacional.
     
  • Concebir en el quehacer cotidiano la comunicación educativa, basada en la ejemplaridad, así como en la retroalimentación de nuestras experiencias. Sin pecar en los falos conceptos de la moral socialista, pero si bajo nuestras propias reglas culturales y urbanas, como ciudadanos responsables.
     
  • Superar actitudes negativas, que perjudican la lucha colectiva, despojándose de prejuicios y conductas desviadas, que se arrastran muchas veces a consecuencias del propio medio que nos ha tocado vivir. Debe aceptarse la ayuda de cada hermano de lucha, que pueda influir o corregir nuestros errores, aunque muchas veces sean involuntarios.
     
  • Ser un opositor se convierte en una responsabilidad ciudadana, por lo que cada uno debe sentirse observado y evaluado en cada momento, lo que exige un cuidado extremo y permanente de su imagen pública.
     
  • No obstaculizar aquellos proyectos que se consideran ajenos, supeditando – sin que suene a slogan - el interés de la nación y de la patria, sobre los muy personales. Aquí juega un papel súper importante los financiamientos desde el exterior, los que deben venir a organizaciones estrictamente organizadas, con proyectos concretos y los recursos deben estar en concordancia con los perfiles del proyecto. Los recursos nunca deben ser canalizados a través de intermediarios únicos y sin la coordinación con las estructuras administrativas de las organizaciones. La ayuda también tiene que ser plural e incluyente, sin exclusión o discriminación por intereses de grupos o personas.

Estos excesos, en los que muchos se verán reflejados, se convierten en blancos fáciles para ser penetrados por los falsos opositores, que no pierden oportunidades y trabajan sobre la base de las debilidades de la disidencia. También, quizás sonrojen o/y molesten a los más conservadores o temperamentales. Sin embargo, sirvan estos apuntes para la meditación y la corrección de nuestras actitudes negativas, que nos hacen vulnerables ante el enemigo. Y que nos alejan de los objetivos, que unen a toda la comunidad opositora de dentro y fuera de la Isla.

Además, aprendamos a reconocernos y aceptarnos en nuestras filas bajo un verdadero ejercicio democrático: participativo y responsable, condiciones sine qua non, para lograr un mismo propósito, la apertura democrática de nuestra sociedad.

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