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Las artimañas del Socialismo en el Siglo XXI

Víctor E Sánchez
Periodista Independiente
victorernestosanchez@ymail.com

Santiago de Cuba, 16 de agosto - (www.aplopress.com) En este siglo, el fenómeno político-social llamado “socialismo” ha tenido una evolución sui generis. En el siglo pasado la imposición de las ideas socialistas, como mejor se lograba era  mediante una “revolución”. Esa revolución usurpaba el poder, desmontaba todas las estructuras institucionales y diseñaba una sociedad a su medida.

El derrumbe de la Unión Soviética y su campo socialista obligaron a rediseñar el sistema, incluyendo los mecanismos para llegar al poder. Esa nueva forma de llegar al poder es por elecciones, por lo que a esta nueva versión del socialismo, se le denomina: Socialismo del Siglo XXI.

En este proceso histórico, se ponen de manifiesto dos condicionales, los países que ya eran y se mantienen bajo un régimen socialista y los países que deben convertirse al socialismo. Estos últimos, se regirán por las normas contempladas en las metodologías del Socialismo del Siglo XXI.   Sin embargo, los países que mantuvieron el socialismo ortodoxo, el desgaste político, económico y social les impiden continuar esa posición, y para sostenerse, irónicamente tienen que realizar ciertas presuntas aperturas.

Se pudieran decir que todos estos países, van en la misma dirección, aunque se encentren en diferentes etapas históricas. El propósito de los que gobiernan a todos estos países es el mismo, el control total del poder de forma vitalicia. O sea, que el Socialismo del Siglo XXI, en cualquiera de sus etapas conduce al comunismo marxista, como bien asegurara Fidel Castro recientemente.

La manipulación social es el común denominador de la ideología socialista. Por medio de ella, se puede lograr una democracia de origen, para luego convertirla en una dictadura en funciones, pero siempre aludiendo a su supuesta legitimidad democrática. Y a nombre de la justicia social y de la promesa de distribución de la riqueza por decreto, justifican coartar la libertad económica como mecanismo de sometimiento político. Muchas personas, tratando de proteger su capital en estos sistemas en sus principios han colaborado con las autoridades, que luego de consolidado el poder se han vuelto contra ellas. El sistema se va cerrando hasta convertirse en un verdadero sistema totalitario.

En el caso de los países que se ven obligados a mutar el sistema, pequeñas aperturas y limitadas libertades son las más efectivas movidas políticas. Se hicieron populares las reformas que se les hicieron  al sistema chino y vietnamita. En el caso cubano todavía se espera que se realicen reformas significativas, pues hasta la fecha sólo han sido medidas cosméticas en momentos circunstanciales. No obstante, para garantizar el patrimonio económico de los herederos de la nomenklatura, se necesita legitimar el sistema político.

Los cambios, como estrategia política, vendrán desde arriba.  Algo que a muchos de los antagonistas al régimen no les gustará, y tal vez ni fuesen sus expectativas, pero serán inevitables. Las aperturas satisfacen siempre a las mayorías y se consideran políticamente correctas. Lo que no siempre se visualiza es que un cambio de actitud en los regímenes totalitarios va más allá de lo que se dice o se ve. En política, siempre lo importante es lo que no se dice.

Analicemos los últimos acontecimientos en Cuba, para entender que la liberación de los presos políticos y otras concesiones no obedecen a las causas que les atribuyen, sino a los propios intereses de quienes los propiciaron. Sus propósitos y verdaderos intereses están por encima de las aparentes circunstancias actuales.

El régimen necesita adaptarse a las nuevas estructuras y conceptos  contemplados en el llamado Socialismo del Siglo XXI. Ese proceso lleva un cambio de imagen. Y que mejor, que la liberación de presos políticos. Algo que la oposición,  por razones lógicas se atribuye, poniendo como protagonistas a las Damas de Blanco y la protesta cívica de Fariñas, que obligó a las autoridades cubanas a mantenerlo en un  régimen especial de cuidado médico.

Sin embargo sabemos que ambas cosas ya estaban controladas: Fariñas gozaba de una serie de prerrogativas y privilegios por encima de las tradicionales actitudes del régimen cubano y las Damas de Blanco fueron circunscriptas a una zona neutralizada, para que su actuar con ciertas libertades, pareciera propio de una sociedad democrática.

En días reciente visité una familia de varios opositores, profesionales y muy bien preparados intelectualmente, aquí en el poblado del Cristo. El intercambio me dio la medida de las aspiraciones básicas del pueblo cubano. Al comentarle, que tal vez en Cuba se produjeran algunos cambios como la libertad económica de las pequeñas empresas, la compra y venta de propiedades, incluyendo casas, tierras y automóviles, la entrada y salida libremente del país, el acceso a todo tipo de información, incluida la Internet y hasta más, que se pudieran producir unas elecciones multipartidistas, la reacción fue inmediata: eso es lo que queremos, para qué queremos más. En las normas del Socialismo del Siglo XXI están contempladas todas estas variantes, y muchas más y no desaparece el control totalitario del poder.

La reaparición de Fidel Castro, como un capricho personal, no obedece a las prescripciones de los órganos de inteligencia. Eso complica la estrategia del cambio. No es que Raúl Castro sea un reformista, pero si aspira a dejar a su familia en una posición política y económica segura. Por tanto, va jugando con el tiempo y los cambios. Tampoco puede arriesgarse a una transición tan rápida, que comprometa su propia seguridad, personal y jurídica.

Sin embargo, el tiempo apremia. El gobierno está contra la pared en el tiempo, su tiempo es medible y limitado. La oposición es abstracta, por lo que tiene todo el tiempo a su favor. No obstante, el gobierno sabe que no existe una oposición estructurada, calificada y con una base social mucho menos, así que con los recursos del poder y la maquinaria política con que cuenta, puede lograr una aparente democracia de origen.

A no ser por algún imponderable, el régimen dispone de las fuerzas necesarias para dosificar los cambios a su medida. Aún así, no todo está perdido: el socialismo como fenómeno social tiene que buscársele el antídoto en la misma sociedad. Incluso, utilizar sus propias armas es válido para hacerlo desaparecer. En este sentido creo muy válido el trabajo que viene desarrollando el Centro de Estudios Estratégicos para la Democracia Proactiva, aquí en Santiago de Cuba, para enfrentar de una forma inteligente, las artimañas del Socialismo en el Siglo XXI.

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