PERIODISMO DE LA REALIDAD CUBANA EN LA ZONA ORIENTAL
 


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La Patente de Corso en Cuba.
Lic. Ernesto A. Vera Rodríguez

Santiago de Cuba, 08 de agosto de 2010 - Cuba es un país que no logra desprenderse de su pasado aunque a veces se realicen verdaderas campañas para lograrlo. Ha ocurrido con nuestras más genuinas tradiciones, por ejemplo, la celebración de la navidad. Durante décadas la dictadura castrista se empeñó en borrar estos festejos, además de realizar múltiples cambios de fechas y de nombres alegóricos.

La dictadura ha intentado alejarnos de nuestros artistas más emblemáticos, Celia Cruz, Olga Guillot, Gloria Estefan y Willy Chirino. Lo mismo ocurrió con muchos otros artistas que marcharon al exilio. Sin embargo en cada fiesta, cada bautizo, puede escuchar usted a “La negra tiene tumbao”, y  “Nuestro día ya viene llegando”.

Durante décadas se trató de silenciar a notables intelectuales, como Dulce María Loynaz, Lezama Lima y Carilda Oliver Labra, pero la historia y el tiempo supieron ponerlos en el lugar que le corresponde.

Existen también rezagos de un pasado y costumbres antiquísimas que el régimen si se ha empeñado en mantener. Este es el caso por ejemplo de la “Patente de Corso”.  La Patente de Corso era un documento entregado por los monarcas de las naciones o los alcaldes, mediante el cual su propietario tenía el permiso de la autoridad para atacar barcos y poblaciones de naciones enemigas. Las patentes fueron muy utilizadas en la Edad Media y en la Edad Moderna, por países como España, Francia e Inglaterra.

En la Cuba de hoy, la “Patente de Corso” está presente en la lucha política que libra la oposición en Cuba. Por todos es conocido que el régimen cubano orquesta turbas de bandidos que acosa, amenaza y golpea a mansalva a todos aquellos que disienten en una sociedad donde todo pretende controlarse.

Estas bandas al puro estilo fascista, funcionan de una manera muy organizada, y tienen la autorización de agredir, humillar y hasta lesionar a todo aquel que alce su voz contra la dictadura o realice cualquier otro acto pacífico en defensa de los derechos humanos en Cuba.

También estos corsarios de la nueva era, cumplen sus funciones en las prisiones cubanas, donde torturan y dan palizas a los presos políticos, sin que sean castigados por ello, todo lo contrario, son premiados por la policía política.

Pero no solo la “Patente de Corso” es otorgada a bandidos, sino a profesionales de cuello y corbata, que laboran en cualquier Entidad estatal. Los encontramos desde una simple oficinista hasta el Rector de una Universidad, ellos están listos a causar cualquier mal a un opositor pacífico que aún ha podido conseguir un trabajo con el cual sostenerse económicamente.

No han sido pocos los casos de opositores pacíficos que han sido expulsados de sus centros de trabajo y a los cuales se le han imputado falsos cargos, patrañas propias de un régimen tiránico y sucio como el que hace sufrir al pueblo cubano desde hace ya más de 50 años.

Estos funcionarios no entienden de leyes cuando tienen la autorización del monarca y de nada valdrán las apelaciones y quejas que el trabajador establezca ante las diferentes instancias gubernamentales: es una sola voz la que se escucha y ya todo el futuro o desenlace del caso está prefabricado. Así que en estos casos el futuro puede verse como en una bola de cristal. Será el mismo para toda una generación.

Eso mismo me ocurrió a mí. Fui víctima de una patraña inventada por la policía política que después de hostigarme e intentar que yo pidiese la baja de la Facultad de Medicina No. I, en Santiago de Cuba me imputó falsos cargos, alegando que yo había violado la seguridad informática y que había accedido a sitios prohibidos. Inmediatamente me vino a la mente que podía ser El Nuevo Herald de Miami, o el periódico El Universal de Venezuela, los cuales leía todos los días por la Internet. De eso nada, amigos, eran sitios pornográficos, las trazas me acusaban y no tenía derecho ni a la defensa. De nada valieron mis conocimientos como abogado, ni las incontables violaciones de procedimiento que la Administración cometió en mi caso. Fui expulsado y engrosé la amplia fila de los desempleados en Cuba por motivos políticos.

Luego realicé denuncias graves y con las pruebas pertinentes de las violaciones y corrupciones que cometían los mismos que me señalaban a mi, pero todo fue en vano. A ocho meses de haber entregado mis denuncias a las más altas autoridades del país no he recibido respuesta alguna. Es por eso que he realizado una Carta dirigida a Raúl Castro y a las demás instituciones que han guardado silencio.

Y les he dejado bien en claro que si no cumplen con lo que establece el artículo 63 de la Constitución y acaban de darme respuesta entonces llevaré mis denuncias al seno de la población, donde hay miles de víctimas del sistema político y judicial como yo, para juntos exigir justicia.

Quizás ustedes hayan sido víctima alguna vez de esas personas de que tienen una “Patente de Corso”, pero aún así, yo les invito a luchar contra ellas. No se queden en el papel de víctimas, que nos impone el régimen, seamos todos protagonistas de nuestra propia historia.

El Lic. Ernesto A. Vera Rodríguez es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Democracia Proactiva en Santiago de Cuba.

 

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