PERIODISMO DE LA REALIDAD CUBANA EN LA ZONA ORIENTAL
 


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Sin discurso político la oposición cubana
 

APLOPRESS - Santiago de Cuba, 27 de noviembre del 2013 – Muchos grupos de análisis y personas han documentado varias de las causas que impiden o retrasan el proceso democrático cubano. El más reciente pronunciamiento, muy acertado por cierto, fue el de Antonio Rodiles, Director del Proyecto Estado de SATS.

En todos los análisis se resalta la falta de unidad de las diferentes fuerzas políticas, pero no se profundiza, qué lo motiva y cómo solucionarlo. Sin embargo, lo que más afecta un proceso de democratización en Cuba es la falta de participación ciudadana, como mecanismo de presión política.

Se han realizado algunos ensayos por parte de los Municipios de Oposición, como una nueva representación ciudadana, para canalizar las inquietudes sociales y así identificar los responsables de la penuria social y económica que vive el país. Otros, ya han entendido que las masas se motivan políticamente, cuando se sabe capitalizar la insatisfacción social.  Pero para que estos mecanismos, contemplados  en lo que se conoce como la lucha social den frutos, hay contar con otros recursos imprescindibles en la lucha política: el discurso político.

El discurso político es una herramienta imprescindible, ya sea oral o escrito, para llevar a las masas las ideas resumidas de una proyección política o plataforma de gobierno. Como es natural, al no contar con una plataforma o programa de gobierno bien definidos, a la oposición cubana le es imposible sostener un buen discurso político. 

El discurso político de la oposición cubana, si a eso se le puede llamar discurso político, se ha centrado en la descalificación o enumeración de los fracasos del régimen cubano, pero sin presentar propuestas concretas que la población entienda y se identifique con ellas. Una oposición de denuncias, muy mal documentadas por cierto, no constituye una alternativa de gobierno. Si a eso se le suma la falta de líderes, por carisma, preparación política o abandono del país, se llega a la conclusión que no se cuenta con los mensajeros o protagonistas de un verdadero discurso político.

La justificación es que no se cuenta con los medios para proyectarse públicamente, por la falta de acceso a los medios masivos de comunicación. El discurso político existía antes de que se contara con esos recursos. Lo que falta es el contenido del discurso, ya que se han distorsionado los verdaderos intereses de la sociedad cubana. La oposición no encuentra como capitalizar la inquietud social y trata de alcanzar el poder de convocatoria y capacidad movilizativa mediante el clientelismo político, desconociendo sus procedimientos.

Las alternativas para la difusión oral de los discursos políticos son escasas. Radio Martí que sería el medio ideal, no se presta para esos fines.  Sin embargo, los líderes de la oposición no son creativos, pues bien pudieran aprovechar las reuniones de grupos, como auditórium de sus discursos políticos, que aprovechando los recursos de las nuevas tecnologías, hacerlos llegar en forma digitalizada a un número mayor de la población. 

El principal inconveniente del liderazgo político de la oposición es que sus principales prospectos tienen como aspiración suprema la salida del país como refugiados políticos. Esa condición los descalifica como genuinos representantes de los intereses de la comunidad y por ende, los minimiza moralmente en sus pretensiones de formar un liderazgo con respaldo popular.

A todo eso su suma, lo planteado por Antonio Rodiles, donde por medio de los recursos se condiciona el liderazgo y se somete a voluntad ajena los propósitos de la lucha democrática. Esa manipulación de los recursos deja a los verdaderos luchadores sin discurso político, convirtiéndose en opositores de a pie, y finalmente se ven compelidos a abandonar el país.

Como bien señala Rodiles, hace falta una oposición profesional. Sin embargo, por las características de Cuba, como país totalitario, hay que desarrollar un proceso de formación de “cuadros”  con respaldo económico y disposición de mantenerse en el país, cosas muy difíciles de conseguir, pero imprescindibles, si se quiere lograr un liderazgo, con un discurso político creíble y un respaldo popular ganado legítimamente. Todo lo demás será esperar que la Nomenclatura actual, nos imponga la Nomenclatura futura, que sería peor que la actual y más difícil de desarraigar, pues puede venir acompañada de ciertos vestigios democráticos, al estilo del Socialismo del Siglo XXI

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