PERIODISMO DE LA REALIDAD CUBANA EN LA ZONA ORIENTAL
 


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Las marchas y manifestaciones
Víctor E Sánchez
Periodista Independiente
victorernestosanchez@ymail.com

 

 

El rostro de estos músicos santiagueros, refleja el sentir de toda esa generación, que ya marcha contra todo esperanza.

 

 

 

 


SANTIAGO DE CUBA, 26 de diciembre, 2009  - Los acontecimientos políticos acaecidos en estos últimos días, ponen de manifiesto que se está cambiando la dinámica de la lucha en Cuba. A tal extremo que está reverdeciendo una euforia política, tanto dentro como fuera,  de nuestra sufrida patria. El conocido preso político, Francisco Herodes Díaz Echemendía, informaba telefónicamente emocionado como impactó el reportaje de la Televisión Cubana a todos los presos políticos de Boniato, donde se encuentra recluido. 

El fenómeno político que venimos observando es el comportamiento ciudadano que hemos denominado: “Ingobernabilidad Democrática”. Que no es más que hacer y comportarse tal-cual un ciudadano de cualquier país democrático. Ejercer la democracia directa, por derecho natural, sin tener que esperar por autorización expresa de ningún poder.

Las marchas como armas de lucha política fueron muy efectivas por muchos años. A tal extremo que los regímenes totalitarios nunca las han permitido; las marchas son tipificadas jurídicamente por estos regímenes como rebelión. Las marchas o manifestaciones como expresión de descontento popular las capitalizan políticamente las fuerzas de oposición. El  Ejecutivo (gobierno)  uno de los tres poderes del Estado es el encargado de garantizar el orden público, o sea, lidiar con las manifestaciones y cualquier expresión de descontento social.

Las protestas pueden desencadenar o provocar la violencia, por lo que las fuerzas públicas regularmente caen en excesos y eso compromete a los representantes del gobierno. Incluso, compromete hasta los mismos presidentes. La bancada opositora en el Legislativo responsabiliza con los hechos a las autoridades actuantes y el Poder Judicial actúa en consecuencia. Estos son los mecanismos del proceso, que siguiendo el procedimiento a depuesto a muchos presidentes. Un ejemplo de cómo funciona la independencia de poderes, lo tenemos en el caso de Honduras.

En los regímenes totalitarios, de corte izquierdista, todos los poderes están controlados por un partido único y representado por una persona única. Incluso, en el Socialismo del Siglo XXI, con diferentes métodos se logra ese resultado. En el Proyecto Socialismo del Siglo XXI  “Hermandad Revolucionaria” de la Secretaria del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua dice: “Controlar La asamblea Nacional, Controlar La Corte Suprema de Justicia, Controlar el Consejo Supremo Electoral. Lo que quiere decir que en los lugares como Cuba, donde esos controles ya están establecidos, o mejor dicho, fueron creados por ellos, no se puede esperar que los poderes se regulen entre sí.

Ante esta encrucijada, sin elementos de cambios visibles, cualquiera diría que en Cuba no hay más salida que la salida del país , fenómeno que se está repitiendo en Venezuela. Esa falta de esperanza tiene a nuestro pueblo sumido en una inercia social, que se asemeja mucho a ese abandono que asume el individuo en un estado depresivo, por lo que podríamos decir que estamos frente a un estado de depresión  colectiva.  

Sin embargo, cualquier atisbo de libertad, nos hace sentir optimistas, sin percatarnos que no tenemos ningún instrumento de cambio en las manos. Ahora hay un fanatismo por los blogs, ese modo de expresión ciudadana que nos permite seguir llevando nuestro quejido alrededor del mundo. El blog más popular, el de Yoani Sánchez,  con una manera muy singular de ilustrar nuestra realidad, aunque a veces asume posiciones políticas, no ofrece la más mínima alternativa o estrategia política para salir de nuestro actual atolladero.

La opinión pública no cambia la posición política de un gobierno totalitario, si no viene acompañada de acciones vinculantes, que institucionalicen el descontento o reclamo popular. No es que no se tenga en cuentas, pero es un elemento más. Y no se trata de desalentar o cuestionar la estrategia de los demás, sino llamar la atención sobre lo fundamental: un método de lucha diferente para un proceso político diferente, que utiliza los elementos desencadenantes a su favor y así lo podemos ver en el proyecto del Socialismo del Siglo XXI.

El discurso de Raúl Castro el pasado 20 de diciembre, demuestra el atrincheramiento del régimen, que a despecho de que reconoce la necesidad de los cambios, teme emprenderlos. Sabemos que los cambios tienen que ser paulatinos, para evitar que una euforia masiva desestabilice el poder y ponga en riesgo su propia seguridad, pero no se pueden demorar demasiado para iniciarlos, al extremo que se produzcan estallidos sociales o el país entre en una ingobernabilidad generalizada.

Este escenario es muy difícil que se produzca, si se mantiene
n los métodos tradicionales de control social y desactivación profiláctica de las acciones contestatarias, pero como hemos visto en estos últimos tiempos, raros intereses las están permitiendo. Sin embargo, como apuntamos anteriormente, una revuelta popular no tumbaría el gobierno, como lo vimos en Tiananmen, China o recientemente en Irán, entonces provocarla no debe ser nuestra prioridad, sino lograr una alternativa de poder ciudadano, capaz de formar gobierno.

Si la oposición nuestra no encuentra o no quiere poner en práctica los mecanismos para estructurarse, como toda oposición política real, hay que estimular la disidencia gubernamental, para que ellos protagonicen los cambios. Y tienen una gran ventaja, su prioridad no es abandonar el país, están formando un verdadero liderazgo, como es el caso de Lázaro Expósito, el Primer Secretario del Partido, aquí en nuestra provincia Santiago de Cuba, quien ha logrado agenciarse un gran respaldo popular.

La iniciativa de formar líderes nuevos,  a partir de la constitución de los municipios de oposición, no ha surtido el efecto deseado por diferentes razones. Lo principal, no ha surgido realmente ese liderazgo que se esperaba. Los incipientes líderes no tienen la más mínima preparación y conceptualización de qué es un gobierno municipal, pero lo peor, ni siquiera se reúnen para intentarlo.  Y a todo esto se le suma la penetración por parte de la Seguridad del Estado, tanto dentro como fuera del país, para desarticular el proyecto, creando estructuras paralelas, pero con propósitos diferentes para distorsionar la razón principal del proceso de gobernabilidad alternativa.

Aunque el proyecto fue blindado para enfrentar casi todos los tipos de artimañas de los “segurosos”, no es menos cierto que con sus recursos y logística hacen un daño que se debe tener en cuenta. Por eso pido una vez más se estudien los planteamientos contenidos en el proyecto del Socialismo del Siglo XXI, para que conociendo sus estrategias, no nos prestemos inconscientemente para su juego sucio, pero bien pensado.