PERIODISMO DE LA REALIDAD CUBANA EN LA ZONA ORIENTAL
 


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El gran reto de la oposición, representar a la masas.

Víctor E Sánchez
Periodista Independiente
victorernestosanchez@ymail.com

“Un buen guerrero es siempre consciente de aquello por lo que vale la pena luchar. No entra en combates que no le interesan y nunca pierde su tiempo en provocaciones”.
                                                                                                             
Paulo Coelho

Santiago de Cuba, 27 de diciembre del 2010 - (www.aplopress.com) El principal reto de la oposición cubana no es vencer el miedo al régimen, sino el miedo escénico de enfrentarse al pueblo como garante y represente de sus problemas sociales. La oposición no tiene poder de convocatoria ni de sus propios miembros, pero tampoco aprovecha la convocatoria del régimen para darse a conocer defendiendo los intereses sociales. Se siente como una vergüenza ser un disidente y se auto aíslan, justificando su frustración con las denuncias que envían hacia el exterior o transmiten por Radio Martí. Ahora están de moda los plantones y las acciones individuales de pequeños grupos de protesta, pero no por cuestiones sociales concretas. Cuando se producen acontecimientos sociales como la huelga de los cocheros en Bayamo o la protesta de un matrimonio pernoctando en plena vía pública reclamando un lugar para construir una vivienda, en la propia ciudad de Bayamo, tampoco acudieron los opositores  u organizaciones de la sociedad civil en su apoyo. 

Ya comienzan a producirse las diferentes posiciones, si se participa en los debates del 6to. Congreso del Partido o si no se participa. Algunos plantean que eso legitima al régimen, algo inconcebible para un régimen de fuerza que lleva 52 años en el poder. La participación por parte de una oposición bien preparada políticamente, con métodos de persuasión y enfoque en psicología de masas pudiera despertar una gran reacción popular, pero ese es nuestro talón de Aquiles.

Si los líderes de los diferentes grupos de la oposición interna y externa hubiesen tenido una visión política más aguda y menos intereses personales o de grupos y hubiesen apoyado el proyecto de los municipios de oposición. Con la participación de sus miembros y recursos, hoy el pueblo cubano tuviera voz y rostro en cada rincón del país.

Una población que sólo ve como propósito de la oposición, conseguir la condición de refugiado político se siente huérfana y si por demás, cuando se marchan se desentienden de la causa, parece ser esta una de las cosas que apena a los opositores asumir un compromiso cívico de presentarse como los defensores y representantes de los ciudadanos, que muchos aunque se quisieran no se pueden ir del país.

La ayuda, aunque necesaria ha viciado un tanto la oposición y la convierte en una clase diferente, porque aunque la mayoría de los opositores no reciben la más mínima ayuda, la maquinaria propagandística del régimen y el comportamiento de algunos opositores dan la impresión de que la oposición no tiene convicción o principios, sino puros intereses.

Si la oposición no asume el reto de involucrarse y ser guía de las causas sociales, la maquinaria política del régimen con su amañada apertura va a manejar a su antojo la permanencia en el poder.

Los partidos políticos como estructura democrática son imprescindibles, pero en los regímenes totalitarios tienen muy poco alcance, pues no tienen como difundir sus plataformas programáticas para llegar a la población, algo que los deja en una indefensión tal, que ni programas elaboran y se convierten en pequeñas células políticas.

La sociedad civil, suplantada por una sociedad civil oficialista y con pleno reconocimiento de la comunidad internacional, deja a la incipiente sociedad civil, por autentica que sea, sin la menor capacidad de interactuar con la población.

Concluyendo, que la única forma de unirse al pueblo es convirtiéndose en parte de su tragedia y explotar desde dentro, de forma tal que el grado de exigencia social sea tal que el régimen no encuentre la salida a la crisis y se llegue a lo que tanto hemos hablado, a la ingobernabilidad democrática.  

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